Excerpt for La Ruta De La Sal La Leyenda De Sus Ojos by , available in its entirety at Smashwords


La Ruta De La Sal

La Leyenda De Sus Ojos






Patricio Andress




Primera edición electrónica

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Reseña

Patricio Andress tiene a su haber cuarenta años de edad, nace en el seno de una familia de clase media emergente, en la hermosa ciudad de La Serena, cursa sus estudios entre la ciudad que lo vio nacer y su querido Valparaíso en donde desarrolla su pasión por escribir, dando nacimiento a los primeros cuentos algo irónicos y desgarradores en ocasiones, en otras apasionado hasta la saciedad.

Es en esta novela que demuestra todo su poder emanado de toda sus experiencias, volcando todo ello en este mágico relato, creando un escenario extraordinario que se inserta en nuestro habitad, donde la realidad se entremezcla con la fantasía asumiendo una suerte de paralelismo, una vital confrontación que se expone a cada paso de su historia.


Patricio Andress es el seudónimo literario de un escritor que ha representado fielmente las escenas de vida del chilote, que por, el agreste e indómito clima de la isla grande de Chiloé que experimentan hombres y mujeres les ha asignado el carácter recio y potente que representa la identidad de un pueblo que sangra sudor y lágrimas por conquistar cada espacio, arrebatando a la naturaleza un sitio propio para cimentar el futuro de su gente. Es en éste ambiente que se desarrolla una historia de amor que por el azar del destino tiene sus días contados, no solo por la leyenda que pesa en los hombros de aquella jovencita, sino también, por la persecución que desencadena la asociación más secreta y enigmática de todo el territorio insular, La Recta Provincia. Es en este momento histórico que las leyendas y el mundo real se funden en uno solo, demostrando que no sólo existe una realidad, por el contrario, varias que coexisten con el chilote en cada paraje de este misterioso mundo. La decisión final de aceptar esta leyenda recae en las manos de esta hermosa jovencita que se debate entre el amor y cumplir con un misterioso ritual de sacrificio que salvara a su pueblo.











Dedicado al secreto más grande

Que guarda tu mirada…

El delicado hecho,

De que seas mujer…







Patricioandress







































Primer Capítulo La Leyenda: La Ruta De La Sal




Segundo Capítulo Su Mirada




Tercer Capítulo Los Amantes




Cuarto Capítulo La Reunión




Quinto Capítulo El Reencuentro




Capítulo Intermedio Los Gatos




Sexto Capítulo Una Noticia Inesperada




Séptimo Capítulo Quiero Volar Muy Alto, Contigo




Último Capítulo La Antho











La Leyenda

La Ruta De La Sal

– Dalcahue –













Después de varios meses de investigación minuciosa sobre costumbres tradiciones e idiosincrasia culinaria de Chiloé, di con un relato perdido en el tiempo que cautivo mi imaginación, este describe la existencia de una playa en la cual encontraría un reducto de sales de mar un poco más alejado de las costas de Dalcahue, la cual los antiguos mezclaban con hierbas de la zona, macerando y secando al sol en un proceso tradicional -sacramente natural-, que lamentablemente desapareció de la conciencia de las generaciones predecesoras. Al tanto de aquella historia me volqué a indagar conversando con la gente más anciana del litoral, con el fin, de poder encontrar alguna prueba de la veracidad de este mito culinario que me estaba envolviendo. Semanas tras semanas de consultar con una considerable cantidad de personas muy dedicada a sus labores e igualmente amables, compartieron varias recetas de otra época que desconocía por completo y los más significativo es que difieren de las tradicionales o nativas que asociamos a la isla de Chiloé; Pero fue cuando converse con la Tía Chayo que cerré el círculo, dándome cuenta que era una práctica común en el pasado ”La condimentación” con base en sales mezcladas con hierbas nativas, incluso que está tenía un proceso de elaboración que me relataría detalladamente, el cual, le fue traspasada cuando era todavía muy joven por su abuela con quien vivió durante toda la infancia hasta su juventud -ahondando más en el tema-, fue cuando me confesó con un susurro que no sólo de hierbas se preparaban estos aderezos con sales de mar, sino que también podían agregar a esta mezcla otros ajíes, manzanillas, mentas, ajo nativo y manzanas, aún más, hasta cerdo ahumado (en pequeñas porciones); lo más notable es que la materia prima, “La Sal”, provenía de una fuente que ya únicamente en la memoria de esta Señora existía -muy conveniente por cierto-, en una tercera entrevista que concerté me revelaría el camino, acompañándome en esta expedición -para ella sería transitar por los recuerdos-, aquellos momentos que me ha relatado anteriormente, que en el pasado había abandonado, en cambio para mí, sería uno de esos grandes momentos en el cual, cumpliría con las expectativas cifradas, encontrando este sitio, por consiguiente despejaría varias preguntas que deambulaban mi cabeza : ¿cómo sería? ... ¿cómo se daba en estos parajes de forma natural?... ¿cómo se extraía?… ¿cómo el ingenio, dio paso a algo tan maravilloso e inigualable? ... Por fin aclararía aquellas dudas que me desbordan.


Llego el día:

Siento el agitar de mi corazón, dejo libre mis emociones, mientras ella con su mirada fija y el ceño fruncido, me despierta de mi sueño consciente.



Me ha invitado a alojar en su hogar -en el intertanto-, pasamos a la cocina, su fogón, su espacio de encuentro, de acogida que reúne las más íntimas tradiciones, territorio de innegable valor histórico donde se mezclan los afectos y la comunión familiar, las recordadas juntas con el compadre -aquel que siempre bajo el brazo traía su garrafa de chicha fresca- o los vecinos donde los reitimientos -Reitorio de chancho-, bien acompañados con las sopaipillas sumadas a las crujientes roscas elaboradas por las bendecidas manos de las señoras ahí reunidas, los chicharrones calentitos, dan pie sólo a los hombres para compartir una “”Bendita”” chicha de manzana, y para coronar una ocasión especial como un bautizo, un funeral o el simple hecho de estar con la gente querida a esto agregamos en este emplazamiento histórico, un gran curanto al hoyo tradicional que condimenta los aromas que gobiernan el aire, impregnando el fogón de aquellos ahumados de chancho -destacan por sobre el resto ¡cierto!-, mezclando los humos que llenan los recovecos colmados de acontecimientos, atiborrados de recuerdos felices y algunos tristes y qué decir de esas mesitas rusticas de madera pulida por los años arrimadas a sus rincones mudas sirvientas de la historia, el gualato que notaba oxido por el poco uso que le daban en la actualidad llorando la nostalgia de tiempos trabajados, a un costado el hacha infaltable en cualquier casa de la isla, ahí note que por aquellas ventanas pequeñas se deslizan unos coloridos rayos de sol que iluminan por último la inigualable parrilla de fierro fundido que al centro de un receptáculo rectangular de ladrillos tienta el fuego que brama destrozando la leña un conjunto de tepas, ulmos y de incandescente tepú que con toda su fuerza inundan el entorno de esos aromas que embriagante y muy intensos dibujan el pasado invocando, cual ritual, los años de niñez cuando el sabor del pan amasado que se cocía en hornos de arcilla por el laborioso esfuerzo de aquella vieja linda de la “Fresia” -mi nana-, inunda ahora mis sentidos sintiendo escuchar el mágico sonido de su cascara crujiendo por la acción vandálica de mis dientes en choques estrepitosos de sabor que casi puedo … – un suspiro interpreta mi nostalgia – , dejemos mis divagaciones fuera del tema y continuemos con lo que nos atañe, nos sentamos cerca del fuego para beber unos mates con algo de malicia – agua ardiente – , y un cuarto de cordero a las brasas, con una plática -por decir lo menos- muy interesante donde se fusionaron algunas anécdotas condimentadas con pelambres -comentarios picantes- de ésos que motivan amarrar la lengua unas breves sonrisas se dejan deslizar, más bien se dejan escapar sin vergüenza alguna, -varias no muy tímidas por cierto-, en aquello, se nos abalanzó el ocaso, marchándose la tarde. Entonces me prometió que, en la mañana temprano me llevaría a conocer el sector y me preparara bien pues era muy probable que lloviera -eso lo dedujo por la dirección del viento- ¡está norteando! – dijo-.

Llego el momento de unas papas con color doradas a las brasas, además, aquel cordero -divino sabor chilote-. Nos volcamos nuevamente en los relatos de sus días de infancia enlazados a la vida de su abuela, los cuentos los mitos e incluso las leyendas que la rodearon de niña eran la forma de asociarse con el entorno que la rodea en una vida salpicada de duendes buenos como luces blancas y malos como el miedo en la noche, de ollas mágicas y de seres que se funden con la naturaleza, los terneros con cornamenta de unicornio y vacas de mar o barcos en juerga, romerías de innumerables figuras fantasmales surcan el archipiélago de emociones que vivió cuando niña, impagables recuerdos.

La ansiedad me remece por entero, pero mis sentidos sólo son interrumpidos en esta fase, por la aparición de su gentil figura, que en un pestañeo, asomo de la oscuridad dejando mostrar su suave cara esgrimiendo es su tez el radiante color de la porcelana, ostentando una mágica liviana y delicada sonrisa, su presencia cala con aroma a flores el ambiente achispado del fogón, me sorprendí gratamente -de verdad más que gratamente-.

– Hola abuela… ¿cómo estás? ...¡llegue! … ¿espero que no muy tarde?… -Tierna y suave dirige estas palabras a su abuela-

Mientras yo, escucho deslizar su delicada voz por el quincho, la sangre se me sube, sus cálidos ojos, intensos y de hecho seductores me dejaron inmóvil como una estatua, pensando que su piel el lugar perfecto para jugar a ser dios ... Me es difícil ser disimulado, es poco probable que no lo note, pero… Bueno nos haremos el tonto un rato…

– No no -con una voz sensible y su tono cantadito, típica de abuela-, ¡no hija!…. ¡Has llegado más qué bien!

– Te presente a Andress el joven que anda haciendo algo así como una investigación…. ¿te hable de él? …

Extendí mi mano para no invadir su espacio, por el contrario, ella se acerca a mí y con un beso en la mejilla se presentó

– Hola, Soy Antho…. ¿Y tú eres…?

– Yo… Soy Andress…

– ¿En serio?, ¿tu eres Andress?, ¿el famoso Andress? ... Cada pregunta la enfatiza con un tono de ansiedad y sorpresa -poco común, por conocerme-, me tiene intrigado y no hago más que preguntar

– ¿Me conoces? …Y una sonrisa seductora con un dejo de malicia dio paso a su respuesta…

– ¡NO! …

– ¡Ups! -el “NO” más rotundo y más tajante que haya escuchado antes-

– No ¡Nunca escuche hablar ti!, -una sonrisa burlona y dulce coronó el momento-

– ¡Ummm!, gracias… -con una mezcla de divertida desilusión la mire a los ojos-; ¡Aparte de atractiva eres muy simpática!… -¿Dije eso en voz alta?-... ¡ups!

– Por nada…. ¿pero me dijiste que soy atractiva? …pregunto claramente interesada en una respuesta que nunca llego.

– Dejemos conversación para mañana chiquitos…está vieja ya está cansada.

– ¿Usted va con nosotros señorita Antho?

– ¡Si...no me perdería está pequeña aventura!, hace años que no salimos con mi abuela, será un buen recuerdo pues de niña no me dejaban ir mucho a la playa… ¿no es raro estando en una isla ?...

Su respuesta me dejo muy contento -en fin así es-, eso si su pregunta me dejo algo intrigado, pero llego la hora de ir a dormir como dicen acá “”Cuando el sol cae, el cuerpo descanso tiene que tener… chico“.

Cabe mencionar que la Señora Chayo tiene a su haber 72 años de edad, aun así, se conserva mucho mejor que yo, erguida ágil alegre de gran corazón con una lucidez y vitalidad envidiable, laboriosa e incansable y una voluntad de oro.

Es hora, me recuesto en una acogedora cama con sabanas de hilo muy fragantes -arrayán y hierba buena-, una colcha de lana de oveja extremadamente pesada, muy cerca el calor y el crepitar de las brasas del fogón me arrullan dejando mi cuerpo descansar, mientras a ella la sigo viendo en mi mente, las mujeres se dirigen por un costado donde existe una escalera que las lleva al segundo piso arrimado a la derecha de este fogón conduciéndolas al hogar. Y ahí caen mis ojos cansados.

La Chayo intenta despertarme, cuando a medio abrir mis ojos entrevén pegado a la pared un reloj que grita desesperadamente que son 05:50 de la madrugada despertando mis oídos también , a lo lejos amurrado en la cama escucho su voz suave que intenta despertar mi conciencia, que ya parece estar tomando rumbo después de todos estos ruidos.

– Chico ya es hora o qué piensas quedarte ahí postrado, si casi el tiempo se nos va.

Me levanto encaminando mis pasos lerdos hacia el baño, mojo mi cara con abundante agua para despejar cualquier sueño que se haya quedado atrapado en mis pestañas, sacudo mi cabeza y de reojo por el costado superior del espejo le veo pasar… Ya estoy completamente despierto. La ducha el buen secado escuchando música y ¿Qué me pongo? Aja… listo.

Un momento después.

Ella sentada a la cabecera de la mesa oficia el prolijo preparado de menjunjes que hay en la mesa, destacando un pan amasado bastante grande calentito, mi olfato es desbordado por olores amables a madera a horno de barro que abren mi apetito, tomo un trozo de pan que unto con mantequilla -de verdad-, no aquellas de supermercado y mermelada de ruibarbo -manjar herbáceo del sur-, creaciones de campo de originales maravillas que no puedo disfrutar en la ciudad, un tazón enlosado medio saltado en sus bordes es inundado por el té de hojas hervido, ¡pucha que reconforta todo esto -a la espera de la salida que cambiara todo mi rumbo-; Nos preparamos con mochila en hombro con saco y todo … ella una mochila pequeña, no puedo dejar de imaginar ¿qué sorpresas puede guardar aquel cofre del tesoro ?, en cambio, La Señora Chayo porta un morral de cuero con distintos motivos étnicos del tipo Huilliche grabados a fuego colgando en su brazo. Salimos con una merienda más el infaltable pepo de chicha de manzana, para en la tarde descansar del viaje a aquel lugar, que a una distancia considerable está, las horas pasan rápidas no siento cansancio, los diálogos con la señora Chayo y las acotaciones de su nieta me tienen siempre atento indicándome el camino, refiriéndome algunas historias sobre sus amigas que ya van quedando pocas -por cierto-, pero siguen unidas, siendo curioso, que viudas todas ellas están, sin el estorbo de un marido, con un guiño cerraba la Señora el comentario y su sonrisa pícara. Ya es hora del primer descanso y no tengo las más mínimas ganas de descansar, es ahí, cuando se suscita una suave llovizna que refresco muy bien.

A la derecha del camino un gran roble enérgico omnipresente e imponente se yergue con orgullo nos protege de la llovizna, nos sentamos en sus raíces sacamos la merienda para comer y la emperatriz de la isla, la chicha para degustar.

– ¡Oiga! … ¡guatita llena corazón contento! …. ¡Coma, muchacho leso!, -me decía con ese tono cantadito y risueño de los lugareños-.

– ¿Te gusta el paisaje? … Hace muchos años que no salíamos con mi abuela así que está exploración tuya fue la excusa perfecta para poder colarme en sus planes, librándome de tanto trabajo en la ciudad con una breve salidilla.

– ¡Si es muy lindo! ... ¡Por el contrario!, cuando niño nunca tuve la oportunidad de acampar con mis familiares como tú, pero tengo la ventaja ahora de hacer casi todo mi trabajo en el terreno mismo y eso significa estar más en contacto con la naturaleza y la gente, lo que me ha enseñado, creo en lo personal, mucho más de lo que la teoría de la cual me instruyeron me ha suministrado.

Me apasiono cuando hablo de estos temas, más aún, si la persona que me escucha es una mujer inteligente y atractiva, eso se nota solo con mirar sus ojos.

– La ansiedad me está matando… ¿cuándo llegaremos? ... ¿cuánto falta?, ¿a qué hora llegaremos? …

– ¡Hay niñita, cálmate que ya llegamos!, es un lugar que te maravillara, -un poco ofuscada me decía Antho-...-no supe que decir mientras la observaba y ella sonrió -.

– ¡No comas ansias! Me dijo con una cándida experiencia….y tú no lo reprendas Antho

Me relajo recostando mi espalda en el pasto un buen rato sumergiéndome en el silencio ruidoso del monte, al son de acordes provocados por rocas chocando entre sí en los esteros y el grito algo metálico inconfundible de las bandurrias completando este arco iris de sonidos.

– ¡A este paso llegaremos en un día y medio más! -recita la señora Chayo con toda propiedad-.

Al escuchar aquella sentencia una sacudida arremolino mi espalda irguiéndome en cosa de segundos, mire fijamente a la Chayo y le dije con cierta desesperación… ¿que como lo íbamos a hacer para llegar y volver solo con una merienda? … las dudas emergieron en mí, la desazón obligo a mi cuerpo a recostarse nuevamente en el pasto relajando mis pensamientos -mientras cuento hasta mil-.

– ¿Huy la niñita tiene otro ataque de ansiedad?, ¡eres bien quejonero! ¿Cierto? -y me saco la lengua-

– No lo molestes Antho, ¡chiquita tu tan mañosa que te han de ver!

– Bueno tendré que seguir en sus manos, usted conoce y debo de bajar mis presiones internas.

– Vamos en la confianza está el éxito… esbozo una sonrío con algo de fuerza

– No eres muy bueno para sonreír… ¡cierto!, arguyó ella, continuando con su burla.

Su delicada sonrisa corona aquellos deslumbrantes y sutiles labios mientras que en sus mejillas juegan revoloteando los rubores por su tez blanca, pero más impresionante es cuando sus almendrados ojos celestes robados al cielo, te miran con esa candidez y coquetería con un grado de garbo intrínseco que la hace a cada rato jugar con sus cabellos rubios he inclinar su cabeza que casi su mentón toca su hombro descubierto, piel blanca que en sueños quiero ver desnuda mostrando todo su ser… ¡Upss! Debo de dejar de pensar así o se complicaran las cosas.

Concentrémonos en lo que debo de hacer pero es difícil sacarla de la mente si está presente, su mirada furtiva me indica qué …no sé qué … no quiero pensar, me dedicare únicamente a ver el camino, que no es tan camino sino una débil huella en el suave manto verde de aquella colina que se transforma, paso a paso, en praderas rodeadas de pequeñas vegas y matorrales por el costado derecho que se prolongan lejos muy lejos, dándome la oportunidad de seguir instintivamente al lugar – en mí caso – ; frente a mí se dibuja un paisaje de alucinante belleza incomparable donde los colores se enredan desordenados dejando una rúbrica indeleble en la memoria que solo puedes observar en Chiloé, un verde exuberante compuesto por quiscales pajonales helechos de todos los tamaños ribeteados por algunos pequeños esteros la fascinación es evidente estoy absorto en esta visión divina.

Después de un ameno dialogo con La Chayo y su nieta me percaté de que el camino – la débil huella – se unía a varias más que se pierden en la distancia, otra encrucijada más, pero esta vez no hablo, ni siquiera chisto, no sé qué camino tomar, ella sí, ella lo sabe bien y elige … -continuamos-, al pasar de un tiempo, veo a lo lejos una casona grande de tejuelas de alerce con los años arraigados en sus paredes, el barniz de sus maderas nobles ajadas por las tempestades agregan el carácter solemne a la estructura muy típica de estos lares, cada vez está más cerca, la sorpresa se acrecienta al notar el bullicio de una pequeña multitud alborotada, creo que por una especie de fiesta o celebración y todo esto en medio de nuestro destino, nos encaminamos a la entrada principal de la casona, la música de guitarras al son de los acordeones que invaden el ambiente dejándome notar el caminar errante y díscolo de una parvada de gallinas blancas con sus retoños, elevo mi mirada que se estrella directo con varios mesones rústicos por debajo de ellos, tres troncos monumentales hacen de patas de estos que repartidos en el amplio patio hacen una muestra exuberante de la gastronomía chilota, encima de aquellos mesones una cantidad variada de ensaladas multicolores y papas nativas -la reina de la mesa culinaria de Chiloé-, base misma de la alimentación durante siglos de tradición que no ha sido desplazada, mezcladas estas con hierbas de la huerta, revelando una gama de colores que confunden, qué decir de los olores que se fusionan en el ambiente y sabores que de hecho me fascinaría probar.

Algunas botellas de mistelas, licor de oro y apiao brincan entre vasos y copas chocando una contra las otras, más allá unas jarras de jugo hechas con bayas -maqui, calafate y murtillas- siendo la infaltable chicha fuerte de manzana -la reina por elección natural del reino de Chiloé-, legumbres ajos nabos adornan unos platos ovalados de cristal que posan en los mesones, mientras danzan las sopaipillas y roscas, yides deliciosos (chicharrones molidos) y escasos hoy en día, platachos de greda atiborrados de chicharrones, canastas atiborradas con frutas de la arboleda que me están invitando a degustar -solo en mi imaginación por el momento-.

– ¡Chayo! … ¿Qué haces por acá vieja amiga mía?, ¿cómo estás?, -Se escucha el vociferar de una voz empapada de recuerdos.

Escucho a lo cerca está voz grave y benevolente con gran alegría saludar y dar la bienvenida a una amiga que por lo visto no ve hace mucho tiempo.

– No puedes ser tú, Antho la chiquita de..., -quedo una pausa interminable solamente rota por-…, Pero que grande estás “jueeesus” hijita de dios, ¿encontraste marido? , ¿Estás casada?, ¿cuántos hijos tienes?, Dime….cuéntame chiquita no te quedes allí callada. -Nunca vi a una persona formular tantas preguntas en un par de segundos, si es que parecía ametralladora-

– ¡Si me dejara hablar te contestaría! Tío Ulloa

– Hay si hijita disculpa es que hace tanto que no te veo -con un abraso y un beso en su mejilla espero las respuestas-

– Bueno tío. ¡No estoy casada! -Fue tajante en esa declaración-, sigo teniendo un maravilloso único hijo, estoy trabajando en castro desde que egrese del instituto… ¡y estoy muy feliz de verte!

– Y… ¿él es tu hombre? -Preguntó apuntándome con algo de picardía-… ¿No es muy flaquito? … ¡está un poco pálido!, ¿No estará enfermo? O ¿le falta chicha?...

Su rostro se ruborizó mientras se reían y terminó mirando a otro lado.

Con una gran carcajada me saludad de un apretón fuerte de manos -que casi me la rompió- presentándose así

– Ulloa… Atilio Ulloa… “El Huaso Ulloa” -con gran vozarrón que denota un orgullo sincero sin soberbia-, me dicen así todos por estos lugares hermano querido.-Sentencia con una mirada directa a mis ojos-.

– ¿Y…? -con un sostenido “Y” de intriga que termina con…-, ¿cuál es su gracia ?...

– Andress señor.

– ¡Bueno Andress!, entonces están todos invitados a nuestro curanto familiar, es aquí en mi casa donde realizamos está celebración en este tiempo pues ¡así inauguramos la primavera!, una mera excusa mi joven afuerino, ahí hacemos los curantos, ¿los ves?... ¡en esos dos hoyos! – me indicaba con su dedo inquisidor – , una tradición chilota que viene de antaño, que ha cambiado con el tiempo, aún no lo creas chiquito así llego a ser lo que ves hoy, su preparación tanto como las materias primas que usamos para realizar el mejor curanto de la zona son todos productos de nuestros esfuerzos en común, así es como, nosotros hacemos el mejor curanto de la zona … ¿cierto Chayo?, – Su sonrisa ilumino todo en esos instantes – … Seguiremos hablando del tema hijito pero primero una chichita fuerte para el guargüero … no es para nosotros es para el guargüero ¡no lo olvides!, sólo los tres primeros litros, weno.

Sus carcajadas se repitieron nuevamente contagiando de buen ánimo a todos; se acerca diciéndome que es muy poco habitual que venga gente desconocida por el lugar pero cuando estos llegan se les trata como viejos amigos, ¡es una buena costumbre! ¿Cierto?

– Pero sigamos, te muestro un poco esto, ellos que ves ahí trabajando al calor de los curantos con sus vasos llenos, son mis nietos que seguirán la tradición de los Ulloa, los otros, esos gordos a camisa a cuadrillé y chupallas que están discutiendo con las viejas son mis queridos hijos los cuales me han dado los peores años de mi vida… ¡puta oh! que salieron lesos estos chiquitos – sonrisa que se transforma en una carcajada que invita a reír sin restricciones – . ¡No no! ellos son mis hijos, mi orgullo son los herederos de todo lo que tu vista puede alcanzar a ver y más allá… Esfuerzo que, hemos realizado durante décadas con mi Señora la vieja de canas cenicientas con chal de lana de oveja virgen al hombro, de faldas floreada que ves en el pórtico que se dedica solo a observar los bisnietos recordando cuando teníamos a nuestros propios bandidos, ella trabajo a mi lado codo a codo limpiando estos montes de espinillos – Arbusto introducido por los españoles en la isla que se convirtió en una verdadera plaga – , y maleza. Después de despejar la tierra la cultivamos para en la fecha cosechar, trabajando durante toda nuestra vida, no falto de momentos muy malos y otros muy gratificantes, pero ahí aperrando juntos siempre fue que le prometí, que sus últimos años serían los mejores de su vida, en eso estoy siempre, nos reunimos para celebrar que estamos juntos que tenemos una de las familias más felices y grandes de la isla y ¿a qué no sabes porque es tan grande mi familia? … ¡no es por lo que tenemos!, es por una leyenda que te contare en un rato más, déjame ir al baño tengo que dejar espacio para más chicha.

Mientras el huaso Ulloa se demoraba más de lo que esperaría, camino un poco tratando de acercarme a la Antho, que esta con los demás en una amena conversación que no quisiera interrumpir pero sólo mí presencia fijo las miradas de ellos en mí, un poco incómodo por el momento, pero que con un alzar de brazos me abrazaron dándome la bienvenida, un jarrón de chicha fuerte ya estaba anclado en mi mano e instintivamente este se fue acercando en cámara lenta a mi boca, de un gran sorbo la mitad desapareció para arremolinar un poco mis sentidos que con la música reinante disparó toda mi alegría haciendo la conversación más fluida, como si fueran amigos de toda la vida, las tallas saltaban de uno en otro como las pelotas de playa en un juego de paletas.

Muy alto y recio de gran ponchera, con un caminar ladeado se acercaba la figura del dueño de casa, el huaso que me llamaba con un ademan de su mano…

– Te tengo que contar la leyenda -vociferó-; A lo que con quejidos burlas y un bullicio ensordecedor -todos al mismo tiempo-, ¡no lo escuches!, ¡no otra vez! se escuchaba, resonando en el aire su carcajada muy fresca.

– Ven chiquito que si no te perderás la historia, ¡pa` que tengas algo que contar! – Todos a los mesones llenen las jarras de buena chicha pongan los tintos también, pon unos trozos de cordero mientras esperamos el curanto que la leyenda se cuenta mejor mojado por dentro.

– Un antepasado de la familia de corte militar fue encargado de venir a proteger el último reducto españoles que quedaba todavía en el país -La Isla Grande De Chiloé-, el capitán Arístides Ulloa, encontrándose solo en estos parajes fríos, ¡imagina quería dormir abrigadito! -fue su acotación-, envía a traer a su novia a la cual tenía planeado desposar al llegar a la isla, las semanas pasaron rápido, el barco con su preciado tesoro de juventud y belleza de cabellos largos bañados de noche, aromados de una vitalidad europea que desconocimos en la isla, ¡si, es ella!, que llegaba a puerto sin contratiempos, los preparativos para el matrimonio estaban listos, las demás mozas del fuerte cooperaron con la bella dama para dejarla lista para el evento de su vida. Tal tras ajetreo, la musa nerviosa por el magno evento decide ir a caminar, necesitaba respira un poco, adentrándose al bosque que rodeaba el fuerte, es invadida por un magnetismo inusual que la seducía, sumergiéndola en el espesor de éste verde selvático misterioso e inigualable, fue así como comenzó todo… -su voz se hizo más grave infundiendo un halo de enigma en el relato-, despareció cundiendo el pánico en el fuerte, las mujeres sollozando los hombres embravecidos y el capitán perplejo decidieron como buenos caballeros ir al rescate de la dama, mientras en otro lugar, ella es envuelta en una neblina mística e inmersa en ella escucha a lo lejos un murmullo que lentamente se fue haciendo más audible más reconocible, su nombre al viento resonaba, se encaminó al lugar de donde provenía la voz, no temía aun así estuviese sola en un paraje desconocido. -El silencio abarca todo el mesón y a sus comensales con jarra en mano atentos-. Una sombra se vislumbra entre la neblina, deslizándose por la tenue luz una mano se extiende e invita a la moza a seguir sin más, ella poso sus dedos en esta que la sumergió en la espesura, desapareciendo súbitamente con la neblina dejando solo un rastro de humedad en el sitio -el silencio únicamente da paso a un abrupto golpe dado por el huaso en el mesón que nos saca casi el corazón del pecho-… Con una carcajada nos sigue contando.

– Los caballos agotados y los hombres sin noticias, hacen de las esperanzas un manojo de frustración sumadas a las quejas del capitán, los lugares recorridos sin encontrar rastros, los llantos de las mujeres invadidas por la desesperanza y los dos días desaparecida la prometida, logran sumir al campamento militar en una desesperación que estaba rayando en la locura. Las órdenes y contraórdenes se desdibujaban según el clima que de tenso y tan sólido, se podía cortar con el sable. Las ilusiones se desvanecían con las horas, mientras la cara del capitán se graba la desdicha de sus deseos incumplidos, pintando la desgracia en su faz. Los malos augurios hacen del pobre joven capitán un manojo de carne y huesos al que se le va la vida misma.

En la sala principal toma ligeramente en sus manos un vaso de agua ardiente, es qué entre gritos y sollozos empieza a escuchar vítores de hombres, que interrumpidos por un salvaje ruido producido por los golpes en su puerta, lo hace, reaccionar ante tal suceso.

– Capitán señor su prometida apareció en el pórtico del fuerte, está ilesa por la santísima gracias de dios, por favor venga…

Rápido el capitán sale de su despacho para recibir la figura de su prometida, que con el vestido blanco ajado repleto de ramas pastos y barro, -¡aun así, no perdía su juvenil expresión!-, su dulce naturalidad se funde en esos momentos con una especie de incertidumbre, que absorta es envuelta en el velo del misterio que rodea su desaparición.

Pasaron un par de días para que ella tuviese tiempo de recobrarse del traumático hecho, mientras la agobiante pregunta que el capitán se hacía era: ¿En dónde estaba ella en esos dos días?, desesperado por encontrar la respuesta se dirigió solo al bosque recorriendo el lugar repetidamente, pero nada encontraba, nada que le diera una pista para resolver el enigma, ¡pa que decir sobre las preguntas! ella siempre contestaba con un “No sé qué paso, todavía no recuerdo, solo la mano que estreche, después de eso solo luces tenues un limbo que no me deja recordar”.

Llego el gran día se tomaron todas las medidas de seguridad y resguardo para no sufrir interrupciones; el capitán y su joven prometida al fin se casaran -La Joven Javiera, es el nombre de la prometida del capitán Ulloa-, el capellán del fuerte los declara marido y mujer por la santa gracia de dios que su divinidad inmensidad replete de bendiciones está unión.

– ¡La historia solo comienza aquí pues es! -con una mirada increpa a su mujer- ¿Qué pasa mujeres? -Con su vozarrón increpa a las señoras, el huaso-; Como siempre sucede, en la parte más interesante somos interrumpidos por las mujeres que indican que estaba listo el curanto, vamos a destapar y a sacar para preparar los platos vamos mujeres, ¡rápido! que no se nos pase, que queda reseco...

– ¡Es cierto! ... Seguiremos mientras comemos, a preparar los platos, descansemos un rato de tanto cuento démosle un gustazo a la vida alcánzame esa chicha que se está calentando al sol no desperdiciemos lo que la naturaleza y nuestra arboleda nos da, creo que tendré que ir al baño otra vez.

Es innegable que la chicha de manzana es la bebida que por excelencia compone parte esencial de las reuniones familiares y sociales para la mayoría del chilote, estando presente en casi toda actividad; Antaño la manzana se molía en canoas de madera ,recuerdo bien haber visto una en desuso, en las bodegas de la hacienda de los Neumann en el pueblo de Entre Lagos Puyehue, hace ya un par de años, en cada uno de los extremos se apostaban una pareja de hombres bien fornidos con varillas de luma aproximadamente de 2, 5 metros de largo que machacaban al compás de la música las manzanas, dejando fluir el jugo de estas hasta reposar en los barriles de madera en los cuales después fermentaría.

Esto me deja tiempo suficiente para comentar el relato con Antho, que con esa mirada profunda me está dejando más indefenso cada vez, rompe mis barreras naturales, me deja al desnudo exigiéndome rendirme a su presencia y su sonrisa iluminada por el sol -¡ya me puse cursi!-; Despejemos este momento con una pregunta… ¡Tú conocías está historia!, ¿sabes cómo termina?

– No me acuerdo exactamente, creo que cuando niña la escuche un par de veces, pero han pasado muchos años y se pierden los detalles, pero es cosa de un rato pues cuando la mesa este puesta la narración continuara sin interrupciones, ¿qué te parece la familia… te agradaron?

– ¡Si! Me encantó… Poseen un gran potencial cultural muy propio de la zona, acumulado por décadas de azarosas experiencias de vida y trabajo duro, que es lo que le da sentido a la vida de ellos, según lo que me cuenta tu tío Ulloa, ¡y por cierto, le creo!; me queda claro que no solo por la sangre están unidos sino también por su agricultura creando una suerte de cooperación que trasciende generaciones logrando la autosuficiencia en conjunto ¡como grupo familiar! “Esto es evidentemente una utopía en otros lugares del mundo”, el hecho está en qué cada uno cumple una función particular enmarcada a su propia ambiente, mezclado con este diario vivir encajan casi como los engranajes de un reloj, ¡es más!, sumamos a esto, ¿notas todos aquellos adornos, utensilios y herramientas? todas estas no se acomodan a la actualidad sino que tiene su espacio atemporal en las tradiciones que aún conservan férreamente y siguen fuertemente arraigados a su piel, todavía sin conocerlos del todo, puedo decir con toda propiedad que son “Deliciosamente felices” pues sus caras los delatan. Me gusta mucho y te vuelvo a recalcar, todavía conservan su estilo de vida a la antigua sin las influencias de la modernidad o ese orden neo – liberal que ha invadido la isla en estos últimos veinte años.

– Y tú…. ¿tú cómo eres?, ¿Tienes hijos?, ¿tienes pareja?, Lo único que sé de ti es que estas realizando una especie de investigación y pretendes descubrir algo, pero no si, llamarle trabajo a eso… ¿qué haces en síntesis?, y por último, ¿cómo lograste hacer tales observaciones en tan poco tiempo si no llevamos ni un par de horas acá?

– Solo observando curioseando, escuchando y deduciendo algunas otras cosas…y muchas reuniones con habitantes de la zona en las semanas anteriores a conocer a tu abuela

– ¡Ummm!... ¡Qué observador y curioso me saliste!, pero contesta que quiero saber algo más de ti

– Bueno no tengo hijos no tengo pareja y ¡si es un trabajo! -enfatizo en la repuesta-, es lo que hago y es muy interesante, podría lograr insertar en la conciencia colectiva de los chilenos comunes, una serie de acontecimientos que solo ocurren en la isla de Chiloé tanto por sus comidas como por quienes las preparan uniendo tradición e ingenio que nació de las necesidades generadas en medio de la desolación absoluta.

– ¡Okey!, ¡Otra vez salió el niñito enojón!, bien ¿no harás una rabieta también?, ¡cierto! -y una leve mueca burlona se escapó de la prisión de su boca -.

– Para que me conozcas un poco más yo tengo un maravilloso hijo lo que no tengo y no quiero tener por el momento es un pareja

Aquellas palabras calaron muy hondo por un momento, pero no me convence lo que me ha dicho y es más definitivamente ¡no le creo! Continúo escuchándola

– Tengo un buen trabajo que a veces me agobia y otras me colma de satisfacciones, en mis tiempos libres pinto paisajes me voy al campo o a la laguna Pastahue o dejo volar la imaginación encerrada en mi habitación, es liberador me transporta a otra realidad, eso me confiere un espacio propio privado sin interrupciones algo que solo es mío, es importante porque lo siento, lo vivo de hecho no lo puedo compartir ni lo compartiría ¡no es egoísta de mi parte!, eso hace que nosotras experimentemos : ”Ese…no sé qué, qué sé yo… Que encanta” y debe de ser por aquellos secretos que guardamos en nuestros espacios privados que fascinamos tanto -coronando esa última frase con una mirada coqueta que inunda todo nuestro espacio-.

¡Ahí está!... Si no quiere pareja ¿porque coquetea?, y en eso me pregunta,

– ¿Qué te parece a ti?

– ¡Upss! Ummm … Si necesitas aprobación para tu imaginación, creo que no es necesaria pues la tienes bien clara … pero lo que más me gusto fue tu frase en la que fascinas … Quisiera ser así de elocuente -algunas veces, ¡no todas!-, pero sí en las ocasiones que debo defender los argumentos ante mis patrocinadores para proseguir realizando lo que hago, lo que me apasiona, lograr que entiendan que es importante no solo para mí, sino para muchos, por ejemplo lo que está exploración al pasado demostrara al lograr sacar a la luz las tradiciones gastronómicas extraviadas en el tiempo e insertarlas en el cociente colectivo social, en primer punto es integrar las tradiciones e idiosincrasia chilota a nuestras costumbres logrando formar una identidad como pueblo con una riqueza y diversidad inigualable en el mundo. El segundo punto es que aquellas costumbres proviene tanto de la cosmología de cada una de las razas habitantes en un principio del archipiélago, que fundiendo estas prácticas en el tiempo dan paso al conocimiento que nosotros podríamos absorber de la historia que los rodea, como estos fueron evolucionando en lo social y parte de esa característica son platos que nacen como la creación más ingeniosa y armoniosa que en el salvaje ultimo borde del mundo un pueblo digno de reconocimientos, ofrece a sus descendientes. Es aquello lo que deseo ambiciosamente rescatar y devolver.

– Efectivamente es ambicioso tu propósito, estoy segura que lo conseguirás, tu entusiasmo al hablar me convence.

– ¿No interrumpo nada?… ¿cierto?... – incisivo casi lascivo también arguye algo con esa mirada y ahora una voz tenue – .

– Don Atilio, no interrumpe nada solo estábamos conversando, pero dígame ¿qué sigue? Ansioso pregunto al huaso Ulloa.

Venga amigo mío, primero acompáñame a destapar el curanto; hace muchos siglos las familias chilota esperaban pacientes alrededor de un hoyo en el suelo rodeado de trozos de madera incandescentes que calientan al rojo vivo las piedras , ahí mismo se apilan una cantidad de mariscos (cholgas choritos navajuelas almejas o tacas), crustáceos (picorocos, pancoras), también pescados (robalos y merluzas), unos trozos de buena vaquilla, chancho ahumado y pollos, las infaltable cebollas y el apreciado ajo chilote, en esta preparación la reina del curanto es la papa nativa de diversas variedades, unas masas de harina de trigo con papas rayadas rellenas de chicharrones y las manos de hermosas mozas dan forma a los milcaos y chapaléeles; al cual después se apresuraban a cubrir con las colosales hojas de pangue una sobre otra cubriendo el ungüento a su vez recubrían con champas para impedir que el vapor escape, tradición que nace de las prácticas de los de cazadores pescadores y recolectores ancestrales, banquete preparado al aire libre donde las familias se juntaban con fermentos de frutas silvestres o agua ardiente de papa, al destapar después de dos horas la cocción, cada uno se servía a gusto hasta satisfacerse ; Está tradición fue modificada en el tiempo de la colonia agregando longanizas y choricillos – embutidos – condimentos varios que hacían de este plato un crisol de la comunión dos culturas, también vario su forma de cocimiento naciendo el Pulmay curanto en olla en el cual quedaba el caldillo fuerte de la preparación -¡un levanta muertos!-, manteniéndose estás dos formas arraigadas en la memoria de la gente llegando casi intacto hasta nuestros días. Es en estos principios de la historia, es que surgen, numerosos mitos chilotes al reunirse todas las familias alrededor del curanto escuchando a los ancianos hablar de estas primitivas criaturas que se auto crean de la naturaleza conviviendo en el entorno del hombre ejerciendo su magia para orientar o desordenar la vida de los dóciles naturales.

– Toma este es tu plato…tienes que comerlo todo no dejar nada sería un desaire para mí, ¡la mano jamás se rechaza hermano querido!

– ¡Whau!, es inmenso tendré que hacer de tripas corazón, como dicen los navegantes “a toda vela”, y en la mesa me senté para poder gozar de esta preparación que está de chuparse los dedos; sigo frente a ella, cada vez me agradaba más, no es que no me hubiese agradado antes, sino por el contrario, me agrado más de los que esperaría.

– ¿En que habíamos quedado?, ¡A sí! … se casaron, el capitán prosiguió ejecutando sus funciones mientras La Joven Javiera se consagraba a la casa participando en reuniones sociales con las demás mujeres del fuerte una jovencita de linda sonrisa y mirada tierna. Fue a mediados de junio que la noticia se esparció como reguero de pólvora, ella está preñada, el primer bebe nacido en estos territorios, los meses se precipitaron uno sobre los otros y el tan anhelado día llego, en la habitación principal están las mujeres y la comadrona en donde La Joven Javiera en proceso de parto, es en pleno instantes que ella pujando por dar a luz, que recuerda una cautivadora mirada que brilla viril sin poder resistir ella fija también sus delicada mirada en el espectro que emerge del entorno causando un benigno trance de amor, derrumbándose en la explanada un verde oscuro que deja un poco la bruma observar, se ve así misma despierta tendida en la pampa llorosa casi desnuda con su vestido revuelto invadido de ramas su cabellera enmarañada con hojas secas ensuciado, se restablece no sabe cuánto tiempo ha pasado, abrocha sus botones amarra las cuerdas, aun estando aturdida sabe que algo más que dormir ha acontecido, su tembloroso corazón su piel erizada y el calor de la pasión no la dejan asimilar lo que sucedió, tomando tranco rápido sale del bosque en busca de ayuda, al salir se da cuenta que no recordaba nada, el impacto de esta visión en su último pujido arroja a su memoria la imagen de dos figura revolcándose entre jadeos y gritos de salvaje pasión que juran al cielo que los ve desenvolver toda su desenfrenada lujuria en este lugar. Hace resonar la cabaña un grito de vida, los llantos de un bebe varón, la noticia se hace escuchar por todo el fuerte es un varón es un niño el primer Ulloa de Chiloé.

– Te darás cuenta que La Joven Javiera jamás contó este incidente increíble -por decirlo menos-, a su marido, la criatura creció sano y feliz pero tenía una mirada de bandido libidinoso y lascivo que encantaba a todas las mujeres, rodeado de una especie de magia que no se la quitaba ningún santo, no tardó mucho en proliferar el apellido Ulloa por la isla, era todo un hijo de Tràuco.

Pero solo los hombres de la familia heredamos esa magia que nos ha hecho un gran clan -sus carcajadas invadía todo el escenario-, ¡amigo mío! -Así finalizo con una gran carcajada y un jarrón de chicha en su mano-.

La tarde se está escondiendo y en contrate su figura se hace más atractiva con esta luz, adquiriendo una sensualidad embriagante, cargado el ambiente de brisas hacen bailar su cabello, fija su mirada en mí y me regala una sonrisa sublime -aquella mujer tiene que tener algún defecto no puede ser así de perfecta ¡Si …si lo es!-, su caminar la acerca cada vez más, me hace tomar más en cuenta sus curvas en eso me fijo en sus labios un tanto dulces un tanto cálidos me están haciendo perder la cordura -necesito una defensa-

– Creo que ya es hora de irnos debemos seguir el camino antes de que la noche caiga y nos aplaste -su sonrisa se ilumino-…. ¿te parece Andress?

– ¡Si! ... Tienes razón -mirando hacia todos lados pregunto a Antho- ¿la Señora Chayo?

– Se está despidiendo de todos, yo ya me despedí faltas tú

– Si allá voy


Después de las despedidas protocolares los saludos más coloquiales condimentados con la infaltable invitación para volver, le exprese mis más sinceros respetos a Don Atilio el huaso Ulloa hacia su persona, me despedí agradecido de sus anécdotas del recibimiento a lo cual me contesto: como no tratar bien al que será el novio de esa linda chiquilla … ¿te fijaste como te ve? no seas tonto preténdela -otra vez su carcajada bonachona finaliza el consejo-, amigo cuídese mucho cuídela es muy delicada, Gracias mil gracias por todo.

– Me temo que a mitad de camino tendremos que acampar….

– Pero yo no traje carpa solo un saco que haremos

– No te preocupes, Antho consiguió con los chicos una carpa para poder dormir cómodos

– ¿Y si usted sabía que nos tardaríamos más de un día en llegar por qué no me dijo que me preparara mejor?

– Existe un albergue rústico en la senda por la cual nos dirigimos, ya verás a lo que me refiero, la carpa nos ayudara de mucho Andress, no te preocupes. Me imagino que está tarde aprendiste muchas cosas… ¡cierto!, no solo los nombres de ellos, me refiero a que viste como vivimos quienes somos y como compartimos lo nuestro en comunidad, espero que te sirva de mucho hijito.

Y comenzamos nuevamente nuestro camino al encuentro de las leyendas de la sal.

Queda algo de sol todavía la temperatura es agradable pero es más menos tarde para seguir pero ella me comenta que solo en una hora más aprox. estaremos en el refugio, mientras nos acercamos me percato del aroma tan intenso que envolvía el ambiente, una serie de hierbas y flores que fugas entregan su perfume, no me costó mucho imaginar a la gente originaria mezclando aquellas fragancias y sabores -condimentos que realzan los sabores de sus comidas-, si ya los veo, esforzándose por perfeccionar sus cocimientos mezclados con estas mixturas para deleitarse junto a sus familias, traspasando sus conocimientos a la generación venidera -traspaso que no fue tan así-, pues ahora me veo embarcado en re-descubrir tales recetas para conservar y difundir los esfuerzos que nacieron de la intuición y de la inspiración de los naturales de Chiloé.

Me acerco a la Antho para entablar cualquier conversación mientras caminamos por estos parajes y de forma natural salen las palabras de mi boca.

– Con el devenir del tiempo en el archipiélago su gente esforzada y cálida que contra lluvia y tormentas provocadas por la inclemencia del clima adverso de la zona, luchaban por hacer un espacio propio de vida en eso se fue formando una especie de idiosincrasia carismática nacida y condicionada por estar inserta en medio de la nada.

Gente que aperró con toda su pujanza y creencia -alego con mucha convicción- .Este espacio que conquistaron se lo arrebatando a la naturaleza, trono que por siglos gobernó sin clemencia alguna estos lares, en un par de decenios con gran esfuerzo físico logran liberar de matorrales de espinos los bosques salpicados de tepas, canelos, arrayanes y alerces por nombrar algunas especies que todavía quedan; para seguir soportando entre enérgicos vientos e indolentes heladas -temperaturas muy bajas- las lluvias que durante semanas golpeaban el suelo y los techos de sus casas, así es como, convirtieron está zona en lugares aptos para la siembra.

– Rompiéndose el lomo como bestias sin ayuda más que de su mujer o niños y los vecinos -declara Antho con vibrante emoción en su vos-.

– ¡Si Antho, así es !, Favoreciendo el cultivo de papas nativas de variadas formas texturas y colores -convirtiéndose esta en la base alimenticia de las islas del archipiélago-, no podían dejar de lado el inigualable y coloso ajo chilote que también se convirtió en uno de los cultivos tradicionales y que hablar de los variados trigos que se cultivaron en la zona llegando a tener una especie nativa muy extendida por los campos -hoy en día ya no se cultiva-, también se tubo -hoy en día casi extinto- una especie nativa de cereal espigado muy dulce, logrando esta variedad de cultivos, impusieron su economía sustentando de forma autónoma a sus familias

– Con la tenacidad del valiente estos determinados guerreros lograron sus objetivos, valiéndose únicamente de las herramientas que le despojaron a la naturaleza, encausando riachuelos en canales construidos con piedras una tras otra para que decanten en las melgas alimentado los cultivos, la singular forma que tiene de sobreponerse a las complicaciones del terreno hacen que elaboren técnicas de agricultura que solo se dan en Chiloé, esta forma trata de sobrevivir todavía hoy en la actualidad por su peculiaridad.

– ¡Si tienes razón en muchas cosas pero te falto algo!; en este entorno nace una especie de economía atípica que se hace sensible por las necesidades de progresar en conjunto que tienen los vecinos, esta especie de transacción se hace más fuerte por el aislamiento que sufren todos ellos y es allí que el intercambio de alimentos y de servicios que hace nacer La famosa Minga baluarte del auxilio que se prestan los vecinos de la isla, haciendo indispensable este ejercicio de buena voluntad que es bien recompensado, en conjunto lograron perfeccionar sus sistemas de subsistencia agrícola haciéndose dueños de la naturaleza para modificarla en favor de todos, cabe decir, que no eran explotadores indiscriminados, no labraban tierras que no utilizarían, únicamente las que podían lograr tanto en familia como con la ayuda de las mingas respetando el convivir con la naturaleza.

– ¡Eres seca!, aunque sabía sobre la minga, solo que no quería aburrirte con tanto dato histórico

– ¡Ummm! ¿Ahora eres considerado?, te digo que no solo son “Datos Históricos” sino que son historias personales de gente, no de personajes de libros históricos, es que su forma de vivir en Chiloé fue la que fundo esta tradición forzada por el brutal aislamiento que sufrieron en los primeros tiempos y es un milagro social que estas costumbres hayan llegado hasta hoy en día -me miro y dio un paso adelante colgándose del brazo su abuela apoyando su cabeza en el hombro de esta-.

Un poco más de la hora que presupuesto la Chayo nos hemos demorado caminando dejando historias y leyendas también una temprana llovizna que dejo paso a un radiante sol, un bacanal curanto al hoyo y unos datos históricos

Todavía no veo señales de llegar al refugio, un poco de cansancio invade en estos momentos mi cuerpo, pero mi mente despierta está, atenta a lo que me entrega el paisaje, sus helechos gigantes rodeados de pangue erguidos al cielo con esas monstruosas hojas verdes devorando la luz que irradia el sol convirtiéndola en su alimento, allá muy arriba un paraje cubierto de frondosa vegetación, siempre entrecortada por las aguas de múltiples riachuelos y canales; sigo imaginando como hubiese sido esos bosques que cubrían el borde mar, una selva fría enorme frondosa impenetrable, sus árboles que se entrelazan durante siglos permitiendo solo el escaso pasar de algunos rayos de sol, territorio en donde los hongos hacen del suelo sus dominios rodeados de Boqui -Plantita trepadora de tallo blandos- líquenes por millones, en mi imaginación se desliza el espejismo de un reino de flores liderados por el copihue las estrellitas o la botellita y a los costados imperecederos se yerguen alerces y ciprés con la milenaria experiencia de la historia labradas en sus troncos logrando tocar el cielo a más de cuarenta metros en dirección al infinito.

Saliendo de mis alucinaciones, a lo lejos diviso una pequeña muralla de piedras rustica asemejando un cerco -pirca o pilca-, que da forma al refugio del cual me hablaba la Señora Chayo nos acercamos, es amplio su suelo imperio de champas gruesas asemejan un colchón natural que invita a tender los cansados huesos, en el extremo frontal de la muralla se arrima una especie de parrilla de piedra que se levanta por sobre las otras rocas planas sosteniendo un asador en el extremo superior y una cacerola , en un rincón de este unos palos de luma seca para avivar el fuego que nos acompañara toda la noche, armamos la carpa al interior de esta poco común edificación, muy cómoda por cierto, con una buena capacidad donde estaremos cubiertos de los vientos nocturnos, La Chayo es la primera en entregarse a los brazos del sueño cubriéndose con su chal, Antho le pasa su saco de dormir, se acerca a mí que en los trabajos de mantener este fuego que alimenta mis sentido me tiene absorto en una especie de ritual, siento su presencia -como no sentirla si ella llena todos los espacios- con un pequeño movimiento de cabeza deja tendido su cabello en el hombro su cuerpo emite una débil luz que es el reflejo de las llamas de este fogón de piedras y su belleza se realza por el color ligeramente rosado de sus mejillas por sus ojos de color por su boca de labios finos y rosados que le añaden una singular simpatía la contemplo unos segundos, ella fija su mirada en mis ojos.

– Estoy muy contenta, hace mucho tiempo que no hacia esto de salir con mi abuela y es más, en buena compañía. ¿Te gusta Chiloé, te gusta la gente de la isla, hace cuanto tiempo que estás en la isla?

Más allá de contestar sus preguntas solo quería acercarme para tocar sus labios con mis dedos, sentir su piel que me está sumiendo en la desesperación y sentir su cuerpo contra el mío, deseo que este no sea un sueño inalcanzable, quiero ser sus noches y sus mañanas, compartir su cuerpo con el mío … -Creo que ya me fui otra vez en la cursilería-, no queda de otra, empecé a contestar cada una de sus preguntas en un dialogo que nos hizo navegar en principio por la infancia pasando por los puertos de la adolescencia uno que otro muelle de aventuras nos extendimos por la noche estrellada con un café bien caliente para hablar sobre nuestros sueños y de algunas caídas o algunos bien apreciados éxitos, hasta hoy en día en este refugio dibujando con las llamas el probable futuro. No creo estar enamorándome de ella pero si me tiene hipnotizado fascinado por decirlo menos, la escucho hablar y a intervalos me conmueve y en otros me divierte, me llena de admiración es inteligente lo que la hace más atractiva de lo que ya es, me perturba no saber lo que ella piensa de mí, pero eso le agrega algo de misterio al momento o a los que nos han de venir en este día siguiente, un bostezo indica que la noche está llamado a dormir, entramos con sigilo en la carpa le paso mi saco de dormir, no necesito nada para cubrirme, el calor de la carpa mantenido por las llamas de aquel fuego nos mantiene a salvo de toda tempestad, una sonrisa de despedida y adormir, ya hora estoy cansado se nota que ella también lo está.

– ¡Hasta mañana!… Descansa Antho -y ella cerro sus ojos-.

La mañana se inicia con el mate, no es una tradición netamente chilota, sino que, por los constantes viajes a la Patagonia argentina de la gente de la isla a mediados del pasado siglo trajeron consigo está costumbre de chupar infusiones de hierbas en tachos de madera o metálicos imponiéndola a sus familias hasta hoy, acompañando de unos trozos de chancho ahumado y papitas ahumadas – yange- que había preparado La Chayo muy temprano.


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